martes, 29 de enero de 2008

Breve historia de la obra gráfica

En el principio
En el principio, antes de la imprenta, la estampación de imágenes no se consideraba una de las bellas artes, sino un simple medio de comunicación. No fue hasta el siglo XVIII que las estampaciones se empezaban a considerarse arte, y no hasta el XIX que los artistas comenzaron a producir ediciones limitadas, firmar sus copias y autentificar esas copias con información de la tirada anotada en los márgenes. El grabado se remonta al hombre de las cuevas, ejecutado sobre piedras, huesos y las paredes de las cuevas. La duplicación de imágenes grabados data de hace unos 3.000 años cuando los Sumerios grabaron diseños sobre sellos cilíndricos de piedra. Los académicos creen que los chinos produjeron una forma primitiva de impresión hacía el siglo II a.c. Los japoneses hicieron las primeras impresiones auténticas, xilografías de exvotos budistas a mediados del siglo VIII.

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La obra gráfica en Europa
La historia de las artes seriadas en Europa se remonta a primeros del siglo VI con las primeras impresiones sobre tejidos. La impresión sobre papel tuvo que esperar algo más, mientras que la tecnología del papel llegaba desde Oriente. El primero papel hecho en Europa fue él de Játiva, a mediados del siglo XII. Las primeras xilografías sobre papel fueron las barajas de cartas que se hacían en Alemania al principios del siglo XV. Sólo unos años antes aparecieron los primeros sellos y timbres reales en la corte de Enrique VIII en Inglaterra.

La impresión desde un grabado sobre metal se introdujo unas cuantas décadas después de la xilografía, y con resultados mucho más refinados. Restringido al principio a orfebres y armeros, pronto se convirtió en la forma preferida de reproducción seriada. El primer grabado fechado data de 1.446, "La Flagelación", y fue en Alemania en donde se desarrolló la técnica antes de pasar a Italia (Mantegna, Raimondi, Ghisi) y los Paises Bajos (Lucas van Leyden, Goltzius, Claesz, Matsys). Desde los fabricantes de barajas la técnica del grabado sobre metal pasó a los artistas donde alcanzó quizás su máxima expresión a manos de Durero en el siglo XVI. Este representó un hito en la historia del arte seriado y, puesto que viajó a Italia, su influencia se sintió allí de forma directa.



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Los siglos XVII y XVIII
El siglo XVII vio el florecimiento de obra ornamental y del retrato por toda Europa, con Rubens y Van Dyck a la vanguardia en Flandes. Para entonces el gran parte del trabajo de intaglio fue grabado al ácido, puesto que los artistas contemporáneos consideraban que este fue un procedimiento más noble y menos comercial que el grabado directo. Italia fue un hervidero de actividad en este tiempo aunque, irónicamente, los principales grabadores fueron extranjeros: Jacques Callot y Claude Lorrain de Francia y el español José de la Ribera. La principal figura en los Países Bajos en este tiempo fue, sin duda, Rembrandt, quien dejo a la posterioridad un hito artístico, tanto en términos de cantidad como en calidad. Sus aproximadamente 300 planchas representan prácticamente todos los aspectos de la actividad humana.

El centro de gravedad de grabado pasó a Italia en el siglo XVIII, empezando por Tiepolo quien, se dice, ejerció una influencia importante sobre Goya. Luego vino Canaleto, el cronista de Venecia, y Piranesi, el más importante grabador de temas arquitectónicos de todos los tiempos, con unos 3.000 grabados sobre temas arquitectónicos. La tradición del grabado en Gran Bretaña data sólo de Hogarth en el XVIII, pero le siguieron rápidamente el satírico Rowlandson y luego Blake, la joya de la corona entre grabadores británicos. El contemporáneo de Blake en España era Francisco Goya, quien llevó los limites del grabado a nuevas alturas y profundidades.



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El siglo XIX
El siglo XIX vio como el arte seriado seguía el mismo camino turbulento que el resto de las artes visuales. En Francia los artistas activos en este tiempo incluían a Ingres, Delacroix, la escuela de Barbizon (Daubigny, Theodore Rousseau y Jean-Baptiste-Camille Corot) y el satírico político, Honoré Daumier, quien ejecutó más de 4.000 litografías, sobre todo para ilustraciones de periódico. Entre los Impresionistas los más importantes en términos de arte seriado fueron Degas y Manet, este sobre todo en litografía. Aunque apenas hemos tocado aquí el tema del grabado japonés, hay que hacer mención especial del maestro de xilografía, Katsushika Hokusai, quien en la última mitad del siglo XVII y la primera del XVIII hizo unos 35.000 dibujos y grabados. Muchas de estas obras fueron reconocidas como obras maestras, y han ejercido una notable influencia en los artistas europeos y americanos. Los más importantes grabadores activos en la Inglaterra del XIX fueron un inglés, Francis Seymour Hayden, y un norteamericano, James McNeil Whistler. El otro americano notable de esta época fue James Audubon, aunque sus magníficas ilustraciones grabadas de pájaros tienen más importancia como ciencia natural que como arte.



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Entra Picasso
El grabado, como el resto del mundo de las bellas artes, explotó en la primera mitad del siglo XX. Ante todo fue Pablo Picasso, el chico español de Málaga que hizo más de 1.000 obras sobre papel, incluidos grabados, aguafuertes, punta secas, xilografías, litografías y linóleos. Fue Picasso, casi por sí solo, quien devolvió el centro de gravedad del grabado a Francia. Luego vinieron Braque, Matisse, Rouault, Chagall, Joan Miró, Max Ernst, Jan Arp, Salvador Dalí y otros. En Alemania este fue el tiempo de los expresionistas, Emil Nolde, Max Beckmann (quien enseñó arte en los EE UU después de la II Guerra Mundial), George Grosz, Ernst Barlach, Erich Heckel, Oskar Kokoschka y otros.

A renglón seguido en Alemania se presentó la Bauhaus, donde artists como Paul Klee y Kandinsky hicieron trabajos fundamentales. En Inglaterra Henry Moore, además de trabajar en escultura, también creó una poderosa serie de litografías. Otro inglés, Graham Sutherland, también hizo trabajo notable, junto con Anthony Gross. En los EE UU del siglo XX la tradición de grabadores distinguidos incluya George Wesley Bellows en litografía, John Sloan y Reginald Marsh en aguafuerte y Milton Avery en punta seca. Pero quizas los más destacados sean Edward Hopper, con su trabajo altamente personal, y Ben Shahn, quien dominaba un amplio abanico de las técnicas seriales.



Las ilustraciones en esta página son imágenes del artista granadino, José Guerrero

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